Hembras de coleta

Antonio Botías/La Verdad.es/ La presentación de «hembras de coleta» revolucionó la tauromaquia en Murcia en 1895

Cuando en 1774 el alcalde de Pamplona recibió la carta de Francisca García creyó que, sin remisión alguna, el fin del mundo estaba próximo. Aquella infeliz, natural de Granada, solicitaba un permiso para actuar, nada más y nada menos, que como rejoneadora. Sus intenciones eran claras: «Por particular espíritu, toreo a caballo con rejoncillo». Pero en aquel documento encerraba una historia aún no contada en Murcia. ‘La Verdad’ desvela hoy, 239 años más tarde y para desconsuelo de tantos investigadores, que Francisca fue la primera mujer torero que actuó en nuestra ciudad. Porque ella misma explicó en su solicitud que atesoraba «muchos aplausos en los 10 últimos años en Cádiz, Valencia, Murcia, Granada y otras capitales».

Demos un salto de un siglo para aterrizar el tema. El Diario publicará el 15 de marzo de 1894 la primera referencia a las ‘Señoritas toreras’, una nueva cuadrilla de Barcelona que ya había celebrado cierta novillada «sin detrimento de sus delicadas personas». El rotativo anunció que el próximo verano actuarían en Murcia. Y apostillaba: «¡Esto sí que es fin de siglo!».

Las Provincias de Levante utilizará otra denominación más curiosa, «hembras de coleta», al anunciar una novillada en San Sebastián. En esta misma cabecera encontrarnos una de las primeras reacciones del respetable a la actuación de las toreras. «Algunos espectadores -publicará el diario- tiraron al ruedo escobas, soplillos para el fuego, metros, carretes, hilos y otros utensilios propios del sexo». Por si la humillación fuera poca, incluso se exhibieron carteles que rezaban: «¡A barrer!, ¡A planchar!, ¡A fregar!». Un poema. Opinión distinta tenía el redactor, quien señaló que «marcaron buenos pares y dieron aceptables capotazos».

La oposición a la existencia de toreras, curiosamente, animaría más tarde al murciano y ministro Juan de la Cierva a prohibir el toreo a pie para las mujeres. Justificaba su decisión, promulgada en 1908, en las protestas públicas y en que la lidia femenina era contraria «a la cultura y a todo sentimiento delicado». Sin comentarios.

La primera actuación en Murcia de las «cuadrillitas» de niños barceloneses y ‘Señoritas toreras’ se fijó para Cartagena el día 7 de julio de 1895. A Murcia acudirían en la tercera corrida de la Feria de Septiembre, el día 9, donde se lidiaron 6 toros, cuatro para los menores y dos para las mujeres. La entrada general fue fijada en una peseta y 50 céntimos para niños y señoras.

La respuesta de los murcianos fue asombrosa. «Jamás, ni en sueños, ha podido esperar nadie un entradón tan terrible», anunciaría el Diario. Media hora antes de comenzar el espectáculo se habían agotado las localidades, ocupadas en gran medida por el «sexo débil, que ayer se hizo fuerte, por cuanto pudo resistir al sol una hora lo menos. El aforo de La Condomina en aquella época se cifraba en más de 16.000 almas, según el rotativo, aunque es posible que alcanzara las 17.000.

El autor de la crónica, firmada por Malmira, advertía de que el término débil tiene «algo de farándula con su mijita de infundio» porque las ‘Señoritas toreras’ lo demostraron sobre el albero «saliendo por pies, recortando, pasando a la limón, rascándole el pelito a los becerretes y haciendo cositas que me río yo de la debilidad».

De las dos espadas que participaron en el festejo destacó la actuación de Lolita Pretel, «rubia bastante recogidita de cuerpo y buena personilla en cuanto a la cara y al físico en general», quien demostró una destreza admirable delante del «jugasquero cabrito que le correspondió despachar». Vestía traje verde y oro. Lolita, culta y amante de la lectura y el piano, se convertiría en una de las estrellas del arte de Cúchares de todos los tiempos.

Ángela Pagés, la segunda espada, también logró arrancar aplausos entre el público por su coraje. Aunque dio varios pinchazos, «acabó con el mamón de una estocada buena». Cuando las cuadrillas femeninas se retiraron, un bostezo inmenso, casi unánime, resonó en la muchedumbre. Aburrimiento que los niños barceloneses no lograron conjurar.

Esa autoridad ‘impotente’

El respetable dejó de serlo cuando, durante la lidia del último toro, saltó al redondel con la intención de participar en la corrida. La cuadrilla, «ante aquel burdel», tuvo que retirarse y el astado murió a manos de la plebe, lo que ocasionó duras críticas a la presidencia y a la «autoridad impotente, ya que no inmueble». El éxito de las toreras en Murcia fue indiscutible. Hasta el extremo de que la empresa que gestionaba la plaza anunció que, «accediendo a los ruegos de infinitas personas», contrataría el espectáculo para el día 13 de octubre, apenas un mes después de su primera actuación en La Condomina. Antes, el día 10, actuarían en Torre Pacheco.

El empresario taurino, aprendida la lección con el tumulto de la última corrida, incluyó astutamente en el cartel «una brava res embolada para los aficionados que gusten bajar a lidiarla». Las toreras, a su regreso a la ciudad, despertaron la misma expectación. Relatará Las Provincias que «por todas partes se ven muchachos y aún personas mayores que las miran como si fueran bichos raros».

La tarde de toros resultó tan entretenida como la primera vez. De nuevo, Lolita triunfó con magníficos pares de banderillas, citando en corto y llegando a ley, culminando el único becerro que mató con dos buenas medias estocadas. Más regular fue la actuación de Angela. Pero, a juicio del Diario, la vaca embolada fue un auténtico desastre. «Debe suprimirse porque es una judiada lo que hace la plebe con el pobre animal», denunció el periódico, cuyo redactor apostilló: «Ya no faltó más que se la comieran allí mismo».

En la tradicional valoración sobre cada Feria de septiembre que el director del Diario, Martínez Tornel, insertaba en su columna ‘Lo del día’, encontramos nuevos datos sobre esta presentación de mujeres en la plaza. En su opinión, simular la lucha con una fiera, «rodar por tierra, disfrazarse, renunciar a su natural tímido y pudoroso, es tan contrario a las condiciones de la mujer que el verlo realizado no puede producir más que lástima o repugnancia». Pero también añadirá el periodista que la auténtica novedad de la Feria era que «la empresa de las dos corridas de toros ha ganado dinero. ¡Cosa rara!». Algún mérito, sin duda, habrían de tener aquellas bravas mujeres.