Borgoño Paniagua Conejo, “Niño del Tanatorio”

El Borgoño Paniagua Conejo era muy, pero que muy aficionado a la tauromaquia. El Borgoño Paniagua Cornejo, sobre ser aficionado era, además, algo practicante de lo que él llamaba el arte de Cúchares y tomó la alternativa como novillero con el nombre de Niño del Tanatorio pues su padre, el Balbino Paniagua, era conserje en el tanatorio municipal de su pueblo, San Bartolomé de las Abiertas, en la comarca de La Jara, partido judicial de Talavera de la Reina, Toledo, Spain. Su tío, el Frígido Paniagua fue picador con Marcial Lalanda y era conocido como El Gindilla, por su forma de picar.
¿Y usted, don Dimas, cree que le viene del la afición directamente del Guindilla?
Pues seguramente, don Matías. Tenga usted en cuenta que, para esto de la tauromaquia, no hace falta más que valor y afición. Es más fácil ser torero, por ejemplo, que futbolista.
¿Usted cree?
¡Claro!, sólo hay que ver la nómina de toreros, hijos de torero y la de futbolistas, hijos de futbolista.
No sé, pero cuando usted lo dice…
Al Borgoño Paniagua, Niño del Tanatorio, le pilló una vez un novillo-toro, que se llamaba Caralimpia a la salida de los corrales de la plaza de La Puebla de Almoradiel, también Toledo y también Spain, y le dejó una pata a la liguí. Fue aquella tarde en que, haciendo el paseíllo por el pueblo, acompañado del sobresaliente, Sordo de Turégano, ante la indiferencia de las mujeres y los hombres del pueblo. El Borgoño, con su pata renca ya no volvió a ser el mismo y, aunque estuvo en tratos con El Croqueta, un peón muy influyente, que casi llegó a matador de toros, para convertirse en mozo de estoques, acabó no fructificando. Estas cosas de las recomendaciones no siempre acaban bien.
Al Borgoño Paniagua, Niño del Tanatorio, le dieron –eso sí- un kiosco de prensa en la puerta del mercado de abastos y, allí, entre pase y pase apoyado en la Hoja del Lunes, vendía Marca, el ABC y el Pueblo a espuertas.
¿Qué, Borgoño, qué tal salió lo de Linares?
¡Cómo habría de salir, don Iluminado!, a hombros hasta el hotel. Y si no lo para la guardia civil lo traen hasta la Glorieta de Atocha. ¡Qué tío el Antonio Bienvenida! El Borgoño, cuando le hablaban de Antonio Bienvenida salía echando virutas del kiosco y, con un ladrillo que tenía a buen recaudo, para calzarse la pata, extendía la Hoja del Lunes y ¡zas!, natural que te crió, y luego, ¡zas!, dos derechazos para dejar cuadrado al morlaco y ¡Ooooooolé!, el de pecho para abrochar la faena. ¡Qué tarde, don Iluminado…! ¡Qué tarde!
Una tarde, al Borgoño, se conoce que ya harto de tauromaquia le dio por cantar flamenco. Los novilleros, cuando son de Toledo, suelen tener mucho arte para el flamenco. Ahí está El Pimpi, que fue picador de lujo y bordaba la siguiriya, o Nicéforo Sacristán, quien se cambió el nombre por el de Julián, que era mucho más zarzuelero que Nicéforo, que es nombre de feto sin prosperar y que iba muy bien por tarantas y soleá. A ambos les gustaba mucho el fandango de Huelva y el tiriti-tran-tran que es como llaman al garrotín por la tierra del bolo.
El caso es que el Borgoño Paniagua Conejo, alias Niño del Tanatorio traspasó el kiosco y, con sus cuatro perras y la maleta atada con una correa, se lanzó a la aventura del cante en la capital del reino. El Borgoño, como era de esperar, pasó más hambre que Dios talento, o que el perro del señorito, que tanto monta, pero cuando estaba a punto de volverse a su pueblo, la suerte, o el capotillo de San Pedro, le hizo un quite en forma de fogosa madame.
El Borgoño Paniagua Conejo, alias Niño del Tanatorio, matrimonió con la Áurea Sansegundo, madame de un meublé en la Cava Alta donde, al albur de unas copas y de alguna que otra juerga se necesitaba, un día sí y el otro también, un cantante fijo. Alguien que pusiera sentimiento y jondura al cante. El Borgoño, compuso una cartagenera que tuvo mucho éxito en Madrid. Decía:

Por la noche, cuando me acuesto,
encendía dejo la
que no quiero oscuridá
que lo negro paice un ataú
y a mí, aluego, me da el parrús

Oiga, don Dimas, la letra, desde luego no era como para sacarlo a hombros por la Academia, ¿no le parece?
Si, muy académica no era, desde luego.